ANDRES EN EL MUNDO AL REVES

En la aldea san Lorenzo vivía un niño con su familia llamado Andrés. Su mamá se llamaba justa, su papá clemente y sus  eran julia, Elena y rosa.

Andrés era el hijo mayor. Cuando no iba a la escuela, se iba con su papa a cultivar en la parcela. Sus hermanas ayudaban a su mamá en los oficios de la casa. Siempre encontraba que reclamarles. De tanto reclamo, las hermanas se enojaron y se quejaron con su mamá. Ella les dijo: _cuando Andrés las moleste, ustedes díganle: “Andrés, Andrés el mundo puede ser al revés”.

Un día, cuando Andrés regresaba con su papá de la parcela, encontró a julia, Elena y rosa, jugando futbol. Entonces Andrés les grito: _dejen de jugar como hombres! El lugar de ustedes es la cocina!

_¡ Andrés, Andrés el mundo pude ser al revés!   _le contestaron ellas.

Más tarde a a hora de, de las comidas, sus hermanas no habían terminados de hacer las tortillas. Entonas Andrés les reclamo y les dijo:

__¿por qué un trabajo más fácil no lo pueden terminar rápido

_Andrés,  Andrés el mundo puede ser al revés  _volvieron a decirle.

Al otro día clemente y Andrés se fueron muy temprano a la parcela. La parcela quedaba en la loma de una montaña. La montaña era  fría y había mucha neblina. La vereda parecía no verse. Al legar a una roca, clemente le dijo a Andrés:

_será mejor que descansemos aquí. No es bueno seguir caminando. Hay mucha neblina y es peligroso.

Clemente se sentó en la roca. Andrés se recostó en el monte y como estaba tan cansado quedó dormido. Pasaron algunos minutos y Andrés se despertó. Cuando abrió los ojos, el sol iluminaba los campos y las montañas. La neblina había desaparecido. Vio hacia la roca y e dio cuenta que su papá ya no estaba.

_papá! Papá!_ Gritaba Andrés _ ¿Dónde está? _insistía su papá no respondía. O espere bastante tiempo y nunca apareció.

_creo que mejor dejo a casa _dijo preocupado. Y así lo hizo. Cuando regreso a casa encontró a su mamá y a sus hermanas  arreglando el corral de las gallinas.

_¿dónde has estado Andrés? Hace rato que tu papá te busca _le dijo la mamá.

_el me dejo en el camino durmiendo. Lo espero y n apareció. –respondió.

_tu papá está en la cocina, está preparando la comida para toda la familia. Tienes que ayudarlo.

Andrés estaba desconcertado por lo que le decía su mamá. Sin decir nada, se dirigió a la cocina. Ahí encontró a su papá cocinando.

-Andrés ¿Dónde estabas? Necesito tu ayuda. Hay que hacer la comida. Aun  no has lavado la ropa de tus hermanas _dijo clemente.

_pero que está pasando aquí _pensaba_ ¿papá por qué haces cosas que solo las mujeres deben hacer? _le pregunto Andrés. 

_no estés hablando locuras. Mejor apúrate con el oficio de la casa. Nos van a regañar si no tenemos lista la comida. A tu mamá y a tus hermanas les gusta que la comida se sirva a la hora en punto. –le respondió clemente.

Andrés, que ahora estaba más desconcertado, intento hacer tortillas pero fue imposible. No pudo.

Más tarde, toda la familia estaba en la horade la comida. Andrés seguía sin entender que estaba pasando. Pensaba que todo el mundo se había vuelto loco. Justa su mamá le dijo:

_Andrés ¿Qué paso con las tortillas? _yo no puedo hacer tortillas  _respondió Andrés  _ja, ja, ja… se rieron las hermanas, ¿Cómo es posible que no puedas hacer tortillas? Tan fácil que es hacerlas _le dijeron y seguían riéndose.

Andrés se sintió tan mal que salió corriendo de la casa. Su papá lo siguió y lo comenzó a llamar…

_Andrés, Andrés, Andrés! Despierta hijo, despierta! Podemos seguir el camino se ha despejado. Ya no hay neblina _le decía clemente a su hijo.

Andrés se despertó y se dio cuenta que todo había sido un sueño. Se levantó y en el camino reflexionaba sobre lo que soñó. También reflexiono sobre lo que hacía a sus hermanas. De regreso a su casa, decidió platicar con su papá sobre el sueño que había tenido.

_fíjate que papa que todo era al revés _dijo Andrés_ el sueño me hizo sentir mal. No está bien molestar a mis hermanas. Tampoco está bien que haya cosas que solo los hombres hacen y otras que solo las mujeres. De ahora en adelante yo voy hacer diferente.

Clemente pensaba escuchaba sobre lo que su hijo le decía. Al final dijo: _te felicito hijo. Está muy bien lo que dices. Los hombres y las mujeres nos debeos ayudar unos a otros. Los dos vamos hacer diferentes.

Cuando Andrés regreso a su casa, pidió disculpas a sus hermanas. Luego las invito a jugar futbol. Ellas también le enseñaron hacer tortillas.

Desde aquel día, Andrés aprendió a compartir y asumir los oficios de la casa, así como las actividades que en familia se hacían. Su papá mientras tanto, también aprendía de la actitud o manera de ser de su hijo.

Fin

                          

 

 

                                           TRES ENAMORADOS MIEDOSOS  

Rosa era una muchacha muy agradable e inteligente que vivía en un pueblo; era tan simpática e inteligente que tres hermanos comenzaron a enamorarla. Ella oyó a las tres y no sabía cómo decirles que ‘’no´´ sin que se pelearan. Y entonces ocurrió que…

Carlos el mayor de los hermanos llego para declararle su amor.                                -¿De verdad me quieres tanto? – le pregunto rosa                                                       -Ay niña. Te quiero tanto, tanto, que haría cualquier cosa que pidieras – respondió Carlos.                                                                                                                             -bueno dijo rosa ¿cuidarías un muerto?                                                                                -si - contesto rápidamente Carlos.                                                                                         Ven en la noche el muerto estará preparado sentencio rosa.

-¿Quién dijo miedo?  -se apresuró aducir Carlos. Y se fue a su casa muy contento porque rosa parecía una oportunidad.

Al rato llego Felipe, el segundo hermano.

-Haría lo que me pidieras para que sepas cuanto me gustas -dijo.

¿De verdad? pregunto rosa.

-¡claro! No me tientes porque le gano a todos los valientes –dijo Felipe en vos alta.

-pues esta noche harás como si fueras muerto –dijo rosa con un plan ya en mente. –sin más que hablar, rosa les tomo las medidas para preparar la caja donde le colocaría. Juan, el hermano menor llego más tarde.

-hay niña, eres mi amor. Haría por ti lo que me ordenaras –dijo ciegamente el enamorado.

-¿harías de diablito? –pegunto rosa

-yo estoy  a tus pies aunque parezca que los tenga al revés –alegremente contesto juan.                                                                                                                         -pues prepara tu traje y nos veremos esta noche –agrego rosa.

Llegada la noche, rosa preparo al que iba hacer de muerto y lo metió en el ataúd o caja de muerto. Al rato llego el que debía cuidarlo. Rosa le dio cuatro velas y lo mando al lugar donde está la caja  con el supuesto muerto. Al hermano menor lo vistió con un traje rojo cubierto con latas agujeradas. Cada lata llevaba una vela encendida dentro. En la cabeza llevaba los cuernos. Cuando caminaba y saltaba se oía un tintineo y le salían destellos y chispas.

-¿Qué debo hacer pregunto? -anda adonde está el muerto y te pones a dar brincos –le ordeno rosa.

Ninguno de los hermanos se dio cuenta de la presencia del otro. Cada uno se estaba dedicando a lo suyo. Rosa solo observaba. Juan, ni lento ni perezoso, emprendió el camino y llego a donde estaba el muerto. Nada más llegando y comenzó a dar brincos. _AVE MARIA SANTISIMA! ¿Qué es eso? _grito el que estaba velando. Y… se echó a correr! _sin pecado concebida! Se levantó diciendo el que hacía de muerto. Y escapo como en alma en pena.

_un muerto que corre!..._grito el pobre diablo. Y… patas para que las quiero!... comenzó a correr como conejo.  

El primero volteaba y veía que lo perseguían. No paro hasta llegar a su casa. Y se aventó en una hamaca, temblando de miedo. El segundo, para escapar del diablo, se escondió en la misma hamaca. El diablo con el susto no vio que el muerto iba delante de él y se lo fue a encontrar en la misma hamaca.

Cuando se dieron cuenta de la broma y de el mismo miedo, pensaron mejor. Desde ese momento decidieron no pelear entre si y esperar a que rosa tomara su propia decisión.

Fin

EL EXTRAÑO

En un pueblo lejano, don catalino tenía una huerta. Entre las verduras que cultivaban estaban las favoritas: las zanahorias. Todos los días, muy de mañana las regaba, abonaba y les quitaba las malas hierbas. Ellas Vivian muy felices, todas se conocían y se saludaban entre sí.

Un día aparecieron unas hojas grandes, diferente a todas las que avían visto antes. Se arrastraban por el suelo ocupando el espacio de las zanahorias. Muy asustadas fueron con el granjero a decirle lo que pasaba, pero esto no dijo solo sonrió. Al transcurrir el tiempo, las hojas eran cada vez más grandes y se estaban adueñando del lugar. Las zanahorias empezaron a preguntarse unas a otras:

-¿Qué será eso? ¿Por qué el granjero, no las quita? ¡Nos vamos a quedar sin casa! _integradas, seguían muy de cerca el crecimiento de tan extraño vegetal.

Pasó el tiempo y un día vieron un espanto ante sus ojos. _ ¡oh dios! ¿Qué es esto? ¡Que animal más horrible!, ¡tiene espinas! _dijeron las zanahorias escapando despavoridas, asustadas y temerosas.

El raro habitante empezó a moverse, a caminar y con grandes pasos recorrió toda la huerta. Este era un personaje muy educado y cortes que le gustaba hacer amistad con todo ser viviente.

Por lo tanto, al ver a las zanahorias reunidas en sus escondites se dirigió hacia ellas muy sonriente, levantando las manos efusivamente para saludarlas.

Las pobres zanahorias temblaban de miedo al verlo acercarse, huían por todos lados, lloraban y trataban de esconderse, detrás de los árboles y las piedras.

El güisquil que así se llamaba el extraño vecino, paro en seco, se rasco la cabeza y dijo: _ ¿Por qué huyen de mí? ¿Por qué se esconden? No los comprendo, yo nací en estas tierras, soy una criatura como todas, ellas son como mis hermanas, pero no quieren  hablar conmigo.

Muy triste regreso a su casa. El intentaba por todos los medios ser amable; las saludaba sonriendo, corrían ayudarlas cuando caían, pero ellas las ignoraban, pasaban de largo como di fuera invisible. Esto hacia sufrir el corazón del pequeño güisquil.

En su cabeza espinosa seguía dando vuelta la famosa pregunta: ¿Por qué no me quieren? ¡Que solo me siento!

Un día estaba sentado tomando el sol, cuando sintió que la tierra temblaba, el polvo se levantaba, las zanahorias corrían de un lado a otro, confundidas unas, asustadas otras, caían y lloraban.

El güisquil, intrigado, levanto sus hermosos ojos y vio un gran conejo saltando entre la huerta y escogiendo a cual zanahoria comerse. N pensó más. Se levantó de un salto, dio un gran brinco y cajo sobre el conejo ensartándole sus espinas.

El conejo con gesto de dolor salió corriendo a toda velocidad las zanahorias  que desde sus escondites habían visto lo ocurrido fueron saliendo una a una. Silenciosamente se pararon cerca de él y empezaron a aplaudirle.

El güisquil sorprendido por aquel cambio pero muy sonriente pregunto: _ ¿porque que me aplauden? Si antes no me querían ni saludar. Las zanahorias un poco sonrojadas contestaron:

_es que eres tan diferente a nosotras, eres gordo, verde, con espinas y siempre con la lengua de fuera.

Nosotras somos anaranjadas, delgadas, con larga cabellera verde. ¡Nunca aviamos visto a nadie como tú!; pero te damos las gracias no solo por salvarnos del conejo que quería comernos sino, también, por habernos enseñado una gran lección: no hay que juzgar o temer a la gente por su apariencia, por haberla conocido interiormente, te pedimos perdón y queremos que seas parte de la familia de la huerta.

El güisquil, derramando lágrima de felicidad, dijo que si y a partir de ese momento los güisquiles y las zanahorias son amigos, tan amigos que siempre están juntos y juntas en las ensaladas y en otras comidas.

    Fin   

                                 

LEYENDA

UN HEROE

Hace algunos años una pintoresca aldea de suiza fue destruida por el fuego.

En pocas horas las bonitas viviendas fueron reducidas a escombros por las llamas.

Pasado el furor del incendio uno de los de los habitantes del pueblo se sintió lleno de desesperación. Ya no tenía ni casa ni vacas, y para colmo de desgracia había perdido a su hijo d siete años en el incendio. El pobre hombre lloraba sin cesar, rehusando oír  cualquier palabra de consuelo. Se pasó toda la noche llorando tristemente entre las ruinas de su hogar.

De pronto, cuando empezó a amanecer, oyó un sonido muy conocido y mirando hacia la calle vio su vaca, favorita que conducía a todas las otras y detrás de ella a su hijo.

_¡hijo mío! ¡Hijo mío!  _exclamo_ ¿Cómo conseguiste pagar del incendio?

_de una manera muy sencilla, papá. En cuanto vi había fuego trate de reunir las vacas inmediatamente y en cuanto lo conseguí me las lleve al prado.

_eres un héroe, hijo mío! _dijo orgullosamente el padre.

_¡oh, no!, papa. Héroe es aquel que ha hecho algún acto de valor. Yo lleve las vacas al prado solo porque vi que estaban en un grave peligro y sabía que era la única cosa que podía hacer.

_hijo mío  _volvió a decir el padre_, ten en cuenta que aquel que hace una cosa acertada en tiempo oportuno es un héroe.

fin 

 

 

 

Leyenda

Lida  sal

(Lida sal desea casarse con Felipe. Felipe participara en el baile de los perfectantes. Lida sabe que si usa antes del baile el traje que se pondrá Felipe, este se enamorara de ella. Pero para que la magia se cumpla, ella debe verse en un espejo de cuerpo entero y no tiene tal espejo).

Estrellas casi naufragas en la claridad de la luna, arboles de color verdoso oscuro, corrales olorosos a leche y a sereno, montones de heno haciendo en el campo, mas amarrillo a la luz del plenilunio. La tarde se había quedado mucho. Se había ido afilando hasta no ser si no un  reflejo cortante justo donde el cielo ya era estrellado. Y en ese filo cortante, azulenco, rojizo, rosa, verde, violeta de la tarde, tenía lida sal los ojos fijos, pensando en que se llegaba el plazo de devolver el vestido.

_mañana ultimo día que te lo dejo, _le advirtió jojon_, pues si no se los llevo a tiempo, lo echamos a perder todo…

_si, si, no tenga cuidado, mañana se lo entrego, hoy me veo en el espejo… _en el espejo de tus sueños será, hijita, porque no veo donde…

El filo luminoso, de la tarde le quedo a lida sal en las pupilas, como la rendija de un imposible, como una rendija por donde podía asomarse al cielo.

_¿sabandija maldita!... _vino a tirarla, del pelota dueña de la comediría_ ¡no te da vergüenza, con todo el trastería sin lavar! Hace días que anda pululando como loca y no te anda la mano.

La mulata se dejó tirar la greña y pellizcar los brazos sin contestar. Un momento después como por ensalmo, amaino el regaño. Pero era peor. Porque al palabrerío insultante siguieron jaculatorias y adoctrinamientos.

_ya vine a la fiesta y la señorita ni siquiera me ha pedido para hacerse una mudada nueva. De lo que te tengo debías comprar un vestido, unos zapatos, unas medias. No es un cuento de presentarte en la iglesia y en la procesión como  una pobre chaparrastrosa. Da vergüenza, que van a decir de mi que soy tu patrona, por lo menos que te tengo por hambre o que te quedo con masadas.

_pues, si le parece, mañana me da y salgo a comprar algo.

_pues claro, niña, agrado quiere agrado. Vos me agradas con el oficio, y yo te agrado comprándote lo que te hace falta. Y más que sos joven y no sos fea. Quien te dice que entre los que vienen a vender ganado a la fiesta, no te sale un buen partido.

Lida sal, la oía como no oírla. Fregaba sus trastos, pensando, rumiando lo que había imaginado frente a la última rendija de la tarde. Lo más duro era fregar los sartenes las ollas. Que infelicidad. Tenía que respaldarlas a muñeca con piedra pómez hasta quitarles la montuosidad del fondo y luego, por fuera, batallar con el hollín también grasiento.

El resplandor de la luna no permitía pensar que era de noche. Solo parecía que el día se había enfriado, pero que seguía igual.

-no queda lejos –se dijo dando forma verbal a su pensamiento_ y es un aguaje bien grande, casi una laguneta.

No se quedó mucho  en su cuarto.

Había que estar de regreso al amanecer y entregar el traje de PERFECTANTE al ciego para que lo llevara a casa de los Alvizures… ah, pero antes tenía que vérselo ella en un gran espejo, la  magia tiene sus consistencias…

Al principio el campo abierto la  sobrecogió. Pero luego fue familiarizando  los ojos con las arboledas, las piedras, las sombras. Veía tan claro por donde iba, que le parecía andar a la luz de un día sumergido. Nadie la encontró con aquel vestido raro, si no hubiera echado a correr, como ante una visión diabólica.  Tuvo miedo, miedo de ser una visión  de fuego, luna antorcha de lentejuelas   en llamas, un reguero de abalorio, de chispas de agua que integrarían una sola piedra preciosa con forma humana, al llegar y asomarse vestida con el traje que luciría Felipito Alvizures en la fiesta.

Desde las pestañas de un barranco oloroso a derrumbes, entre raíces desenterradas y piedras removidas, contemplo el ancho espejo verde, azul y hondo, entre cendales de nubes bajas, rayos lunares y sueños de oscuridad. Se creyó otra. ¿Era ella? ¿Era  lida sal? ¿Era la mulata que fregaba los trastes en la comediría, la que bajaba por aquel camino, en aquella noche, bajo aquella luna, con aquel vestido de fuego y de rocío? De lado y de lado iban rozándole los hombros las pestañas de los pinos, flores sonámbulas de perfume dormido le mojaban el cabello y la cara con besos de pocitos de agua.

_¡paso! ¡Paso!..._ decía al avanzar por entre bosques de árboles de jengibre, fragantes, enloquecegadores.

_¡Abran paso! ¡Abran paso!... _repetía al dejar atrás rocas y piedras gigantescas  rodadas desde el cielo, si eran areolitos, o desde la boca de un volcán en no remoto cataclismo, si eran de la tierra.

_¡Paso! ¡Paso!... a las cascadas…

_¡campo y anchura para que pase la hermosura! _a los regatos y arroyos que también iban como ella a verse al gran espejo.

_¡Ah! ¡Ah!, a ustedes se los traga _les decía­_ y  a mí no me va a tragar, solo me va ver, vestida de PERFECTANTE, para que se cumplan cabales las consistencias de la magia.

No había viento. Luna y agua. Lida sal se arrimó a un árbol que dormía llorando, más al punto se alejó horrorizada, tal vez era de mal agüero asomarse al espejo junto a un árbol que lloraba dormido.

De un lado a otro de la playa fue buscando sitio para verse de cuerpo entero, no lograba su imagen completa de cuerpo entero. Solo que subiera a una de la altas piedras de la otra orilla.

_si me viera el ciego…, pero que tontería, como podía verla un ciego… si, había dicho una tontería y la que tenía mirarse era ella, mirarse de pies a cabeza.

Ya estaba, ya estaba sobre una roca de basalto contemplándose con el agua.

¿Qué mejor espejo?

Deslizo un pie hacia el extremo para recrearse en el vestido que llevaba, lentejuelas, abalorios, piedras luminosas, galones, flecos y cordones de oro y luego el otro pie para verse mejor y ya no se detuvo, dio su cuerpo contra su imagen, choque del que no quedo ni su imagen ni su cuerpo.

Pero volvió a la superficie, trataba de salvarse… las manos…las burbujas… el ahogo… había vuelto a ser la mulata que peleaba por lo inalcanzable… la orilla… ahora era la orilla lo inalcanzable…

Dos inmensas congojas…

Lo último que cerró  fueron las inmensas congojas de sus ojos que divisaban cada vez más lejos la orilla del pequeño lago llamado desde entonces ESPEJO DE LIDA SAL.

 Cuando llueve con la luna flota su cadáver.

Lo han visto las rocas. Lo han visto los sauces que lloran hojas y reflejos.

Los venados, los conejos lo han visto.

Se telegrafían la noticia, con la palpitación de sus corazoncitos de tierra, los topos, antes de volver a sus oscuridades.

Redes de lluvia de plata parpadante sacan su imagen del desazogado y la pasean  vestida de perfectante por la superficie del agua que la sueña luminosa y ausente. 

fin